Un poco de historia
   

El monasterio de Humocaro es una comunidad de monjas contemplativas pertenecientes a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (trapense).

El monacato cristiano nace en el siglo IV d.C. en Egipto. Los primeros monjes, que buscaban una profunda unión con Dios, se inspiraban en el Evangelio: "Respiren siempre a Jesucristo" decía San Antonio, el gran padre de los monjes a sus discípulos.


En el siglo VI resplandece la figura de San Benito de Nursia. Su Regla, llena de equilibrio y sabiduría, desea transmitir y adaptar el ideal monástico para la cultura occidental. El mensaje de San Benito, a través del testimonio de los monjes y de las monjas, fue fermento de civilización para toda Europa.

En el siglo XI el monacato se hace portavoz de una poderosa renovación espiritual y social. Entre las nuevas fundaciones, Cister (Citeaux) en Francia, expresa la búsqueda de la soledad con Dios, vivida en comunión fraterna. San Roberto, San Alberico y San Esteban son los que inician este nuevo estilo de vida. San Bernardo será el gran propagador.

A la llamada "Epoca de Oro" sucede un período de decadencia y en el siglo XVII se realizan varias reformas: la más relevante es la del Abad DeRancé en el monasterio de La Trapa (La Trappe) en Francia. De allí el nombre "Trapense".

En 1875, cerca de Torino nace la primera Trapa femenina en Italia (San Vito). La afluencia de vocaciones hace necesario el traslado desde San Vito a Grottaferrata (Roma) y desde allí a Vitorchiano (Viterbo), que a los pocos años funda su primera casa hija, Valserena, también en Italia.

Sigue en 1971 la primera fundación en el continente latinoamericano: Hinojo, en Argentina. Luego la fundación de Quilvo en Chile, y casi contemporáneamente la de Humocaro en Venezuela el 2 de febrero de 1982.


Cada comunidad cisterciense esta consagrada a Maria "Madre y figura de la Iglesia". Por eso la comunidad de Humocaro lleva el nombre de "Nuestra Señora de Coromoto".